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Bridgetown- Dominick A. Merle
En el siglo XVII los ingleses trajeron esclavos africanos a esta pequeña isla para cortar caña de azúcar. Durante ese periodo, transmitieron a los esclavos su lengua y les enseñaron sus viejas tradiciones, como jugar al polo, beber té a media tarde contemplando una partida de crícquet y cosas por el estilo.
El establecimiento de un gobierno negro se realizó a los 300 años, al obtener la pequeña isla su independencia. En la actualidad, el Gobierno de Barbados ‘importa’ turistas para que se llenen sus playas. La mayoría de estos visitantes en busca de sol vienen de la vieja y feliz Inglaterra. En la práctica, los británicos sustituyen a los habitantes negros de Barbados a cambio de disfrutar de sus vacaciones en esta isla caribeña. Como reza el proverbio, “devolver la misma moneda es cosa justa”. Los negros siguen disfrutando del crícquet, del polo y del té a media tarde, pero a un ritmo diferente de los antiguos señores y la economía, basada en el turismo en vez del azúcar, se encuentra en excelentes condiciones.
Las nuevas instalaciones y los nuevos proyectos están en su más alto nivel, y nadie recuerda haber conocido un crecimiento igual de las obras. Por ello, y a pesar de que la isla no supera los 34 kilómetros de largo y 22 de ancho, atravesarla de una punta a otra puede llevar hasta noventa minutos en momentos de horas punta, que son los momentos que más dominan durante el día. Aquí, cualquier persona en paro significa quizás que no desea realmente trabajar y todo aquél que uno se encuentra habla con confianza de Barbados. Tomemos como ejemplo a Marilyn Sofer: abandonó su puesto seguro de directora general del hotel Toronto Hilton, un puesto verdaderamente brillante, para irse como directora general del hotel Barbados Hilton, que es un proyecto nuevo y no totalmente seguro. Nos dijo: «Todos pensaron que estaba loca, pero yo no encuentro ninguna razón para que alguien fracase en este lugar».
Su instintivo sentimiento ha ganado hasta ahora. Este hotel, que abrió sus puertas hace menos de un año, empezó llenando un 37% de su capacidad, pero ya estaba en el 90% cuando lo visité en diciembre de 2005. Dijo Marilyn: «Todos estos buenos resultados, y además disfrutando del sol todo el año».
A poca distancia de la carretera (y todas las cosas aquí están cerca de la carretera), se encuentra el lujoso balneario Sandy Lane, cuyo precio por noche varía entre 850 y 25000 dólares USA. ¡Sí señor, 25000 dólares por una sola noche, en un espacio de 7300 pies cuadrados con 5 chalets, durante las fiestas de cumpleaños y Navidades. Este amplio balneario fue construido en 1961. la lista de los que han pernoctado en él representa una especie de libro del ‘Quién es quién’: la Reina Elizabeth, Aristóteles Onassis, Jacqueline Kennedy-Onassis, Frank Sinatra, David Niven e incluso la artista Greta Garbo..., todos han dormido aquí. En 1991, en un gesto espeluznante de confianza, fue destruido completamente este balneario y sevolvió a reconstruir sobre el mismo modelo, pero ampliándolo. Esta completa y millonaria reconstrucción duró cinco años. El señor Michael Pownall, Director General, nos afirmó que «estábamos seguros de que nuestros clientes volverían, porque el espíritu original del balnerio aún está aquí».
De nuevo cerca de la carretera, visitamos Cobblers Cove, un grandioso hotel nuevo, con su aspecto de bello y espléndido palacio rural de Inglaterra. Sus cuarenta habitaciones (entre 400 y 2400 dólares la noche), tienen ventanas y balcones que dan jardines y océano. Ross Stevenson afirma: «El aislamiento y la belleza es lo que espera el huésped. Nosotros insistimos en la tranquilidad y el reposo, no en las ‘fiestas’».
Al mismo, casi cada individuo de esta isla posee algo en esta isla, incluidos los que buscan las fiestas, que se encuentran en los alrededores de Bridgetown. Nuestro conductor por medio día, Emerson, nos dijo: «Nosotros tenemos variados trabajos en un lugar pequeño. Ahora mismo tengo que acompañar a personas como vosotros, que vienen de todas las partes del mundo, cosa que me da la sensación de que yo también soy un turista».
Barbados tiene 70 millas de costas. La mayoría de los balnearios se encuentran en la parte oeste, frente al mar Caribe. En cuanto a la costa atlántica, es rocosa y resulta peligroso bañarse en la mayor parte de su extensión, pero allí es donde se relizan cada año numerosas competiciones internacionales de esquí acuático, en particular cerca del bonito poblado de Bathsheba.
Otros lugares atractivos sobre la costa oriental son los Jardines de Andrómeda (Andromeda Gardens) que incluye plantas de todas las regiones ecuatoriales; Monsett Bay, que es un puerto adorable, protegido del viento, en el que se ven pescadores descargando sus capturas durante toda la tarde; y Crane Beach, que fue un puerto donde cargaban y descargaban barcos gracias a grúas, desde lo alto del acantilado. En la cima del acantilado se yergue uno de los más antiguos balnearios de Barbados, el ‘Crane Beach Hotel’, que los recién casados siguen considerando como el mejor lugar para pasar su luna de miel.
En transportes se pueden elegir varias modalidades. Se puede alquilar un coche con un chófer que posee un carnet de conducir del país del turista; o alquilar un coche para medio día o un día entero, y en este caso hay que regatear con el conductor, porque no lleva contador; o también puede coger el autobús, que es la elección más económica. Por menos de un dólar, puede trasladarse en autobús a cualquier lugar de la isla y como el inglés es la lengua oficial, no hay problemas para pedir direcciones. El autobús, en la mayoría de los itinerarios, pasa cada treinta minutos.
Con relación a los estadounidenses, conducir por estrechas y retorcidas calles puede resultar una experiencia muy difícil, teniendo en cuenta además que los habitantes de Barbados conducen por la izquierda. Tocar el klaxon o encender la larga significa en general “voy detrás”, y no “déjeme pasar”.
Acabamos nuestra gira volviendo con el sonriente Emerson al puerto suroccidental, Bridgetown, que es verdaderamente el corazón y los pulmones de Barbados. Aquí hay sitios atractivos, como el edificio del Parlamento, el tercero más antiguo de los países de habla inglesa, la Plaza de los Héroes, conocido antes como Plaza Trafalgar, con la estatua de Lord Nelson, la vieja sinagoga del año 1654, que es posiblemente la más antigua del lado occidental de nuestro planeta...
Cientos de miles de pasajeros de los cruceros que pasan por Barbados vienen diariamente a admirar sus paisajes o a hacer compras en sus mercados libres, llevándose desde productos artesanales locales hasta diamantes de África del Sur. A estos pasajeros se les ve en los desembarcaderos, yendo de sus barcos a las tiendas como si fuesen ejércitos de patos. Y en cuanto hacen sus compras, se sientan generalmente en algún restaurante, al aire libre, para comerse algún plato típico del lugar, compuesto de peces voladores y ‘coco’(que aquí es gombo y maíz cocidos). Es éste un plato muy famoso en el país. Otros platos populares son el ‘jug-jug’ (maíz con guisantes), un cocido hecho a base de pimentón y variedades de carne picante con esepcias, y dos platos de nombres sugestivos: las ‘costillas voladoras’ y el ‘carnero a la espada’.
Al otro extremo, la isla se está desarrollando rápidamente para transformarse en una región de guisos caribeños, pues se traen permanentemente a cocineros de nivel mundial para enseñar platos y presentarlos en cenas gastronómicas.
Durante nuestra última noche pudimos ver una de estas fiestas en el Hilton Barbados. El cocinero Denis Lartigue, recién llegado de Shanghai, preparó un menú compuesto por diez platos diferentes, cuya comida duró cuatro horas. Antes de esto, en la misma semana, presenciamos una fiesta parecida en el ‘Cliff Restaurant’, colgado de un pequeño acantilado que da al mar Caribe. La terraza en la que nos sentamos provocó recuerdos inolvidables de amigos con los que estuvimos sentados en en su yate privado.
Estoy seguro de que los ingleses son los primeros en reconocer que los habitantes de Barbados han recorrido un largo camino desde los tiempos del cacao y de la caña de azúcar.
(Dominick Merle es periodista turístico y consejero. Vive en Montreal).
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